Un poco de plagio con un toque de humor y moraleja de regalo

Hoy no he hecho los deberes, y no he escrito. Es verdad. Y en vez de eso, encima, he copiado y pegado, como uno que yo se cuando hace informes. Pero es que lo que he leído es tan bueno, y me ha hecho pegar un hartón de reír tan grande, que no podía conformarme con enlazarlo. Tenía que copiarlo y aquí va. Lo he sacado de Socialista Honrado y explica las aventuras y desventuras del Maestro Bandarra en su lucha global por el triunfo del progreso. Además tiene moraleja. Sin más dilación, pues, veamos el cuento:

$ocialistas $in Frontera$ ($$$)

El fino aroma del papel moneda que inundaba la estancia, acompañado del incesante estruendo que un arsenal de máquinas contadoras de billetes ocasionaba, proporcionaban a la sede central de la ONG $ocialistas $in Frontera$ ($$$) ese clásico toque de distinción progresista que la había convertido en la piedra angular del proyecto mundial de globalización de la tolerancia.

Supervisando el correcto desarrollo del programa, el presidente-portavoz-representante-asalariado de esta organización sin ánimo de lucro, el Maestro Bandarra, una especie de semidiós del Progreso, divagaba sobre las próximas acciones a acometer.
Exultante tras aparecer su firma en los billetes de 500 Euros de una edición limitada del Banco Central Europeo destinada a paliar la pobreza de los socialistas en el mundo, se dirigió al austero globo terráqueo de titanio pulido que presidía su despacho. De un leve golpe la esfera comenzó a girar, y cuando ya parecía detenerse, el Maestro golpeó con su dedo índice en el mapamundi parándolo en seco: ¡Oklahoma!

Los preparativos para su próximo destino ocuparon el resto del tiempo de la inhumana jornada laboral del Maestro Bandarra. Cogió del armario el traje de nazareno que utilizó durante el último Gay Parade celebrado en Sebastopol y se fue al zoo a comprarse un burro catalán. Le puso de nombre Olegario y para Oklahoma que se fue.

A pesar de que su médico privado le había diagnosticado un misterioso priapismo, el Maestro cabalgaba feliz a lomos de Olegario por las praderas de Oklahoma, soñando despierto, imaginando un mundo de tolerancia y Progreso más allá de los Pirineos, un mundo donde Euros y dólares podrían convivir en perfecta armonía bajo la rigurosa y atenta mirada del verdadero mentor de semejante proyecto. ‘¡La tierra es del que la trabaja!’, como diría aquél, pensaba el Maestro para sus adentros…

Absorto en sus pensamientos, de repente su corazón dio un vuelco al descubrir unos bultos en el horizonte. De un golpe de espuela Olegario comenzó a trotar. Al acercarse pudo comprobar que se trataba de varias familias de raza blanca que estaban de picnic, de lo que rápidamente dedujo que se tratataba de supremacistas blancos, racistas parapetados tras sandwichs de crema de cacahuete y botellas de agua con gas.
El Maestro no pudo resistirse a comenzar su frenética lucha por la tolerancia y sacó de su equipaje una ristra de collares de macarrones que sus becarios habían confeccionado en la sede de la organización. Los vendió a mil dólares la pieza y, una vez recaudados más de treinta mil dólares, continuó su viaje. La tolerancia había vuelto a triunfar.

Una vez llegó a Tejas, como no podía ser de otra manera, se cruzó con un escuadrón de las milicias de Michigan. Hábilmente se enfundó en su traje de nazareno, pasó junto a ellos, saludó, tiró unos cuantos caramelos y puso la mano. Los dólares volvieron a llover. No hay nada como la tolerancia entre iguales.

Tras numerosas intervenciones por el Progreso en aquellos lares, puso rumbo a Florida, por donde pretendía dar salida a los cuantiosos frutos que su lucha por la tolerancia estaba produciendo. De camino coincidió en una reunión del KKK, auténtico pozo de intolerancia que debía ser exterminado de las zonas de influencia de su todopoderosa y solidaria ONG. Tras departir durante un breve instante con el líder de la hermandad, acordó vender collares de macarrones por todo el país a través de la intermediación de los caballeros del Klan, quienes recibirían su correspondiente comisión.

Tras pasar varios meses en los States viendo cómo florecía su negocio de dólares por la tolerancia, decidió fletar el Queen Mary II para poder dar salida a tamaña cantidad de billetes y metales preciosos almacenados por sus socios del Klan. Mientras se organizaba la logística de su cosecha progresista, el Maestro Bandarra fue incluso invitado a cantar el himno americano junto con su burro Olegario en la Superbowl, donde pudo dar un último empujón a su proyecto pidiendo más ayudas para su encarnizada lucha.

Cuando por fin el Queen Mary II se encontraba dispuesto para zarpar desde el puerto de Miami, de pie sobre la cubierta, disfrutando otra vez de la cautivadora fragancia del papel moneda, el Maestro Bandarra echó la vista atrás, recordando su larga travesía por el desierto de la intolerancia, las horrorosas penurias padecidas, su vida al borde de la inanición durante estos últimos meses… Miró a tierra firme e inesperademente improvisó una poética despedida para todos los apóstatas de la intolerancia, resultado de su batallar diario en nombre de su asociación durante su periplo americano: “¡racistas! ¡Hijosdeputa! ¡Me kago en vuestros muertos!”

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One Response to Un poco de plagio con un toque de humor y moraleja de regalo

  1. Buen plagio, colaboracionistas, y como diría aquél: me reservo el ejercicio de cuantas acciones civiles y penales me amparen en derecho. 😉

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